23.6.14

La sabiduría de "Tatu"

El mismo día que mi organismo decidió desprenderse de nuestro bebé para siempre, vino a casa Natalia, mi mejor amiga, con su hijo de 8 años. Yo había pasado unas horas fatales, entre contracciones y pérdidas que fueron más dolorosas a nivel psíquico que físico. Dolorosas y penosas para ambas.

En medio de tanto sufrimiento, nada podíamos decir, pero cuando algunas lágrimas finalmente cayeron frente a nuestros visitantes, Tatu, el hijo de mi amiga, nos dijo estas sabias palabras: "Tienen que agradecer que al menos lo tuvieron en la panza". En ese momento me quedé pensando en la inocencia tan particular de los niños, esa ingenuidad de decir todo sin filtrar casi nada, y logró sacarnos una sonrisa débil y pasajera. Pero con el transcurso de los días, esa frase se hizo más y más fuerte dentro nuestro.

La simpleza de esa frase nos llevó a pensar en el peso y en la sabiduría que tenía. Agradecer. Agradecer que estuvo acá... Que nos dió felicidad plena, que nos hizo soñar e ilusionarnos, que nos hizo los días y los dos cortos meses y medio, mucho más alegres.

El otro día leí una frase que me llegó hondo: "Una vida siempre tiene una misión, así haya sido de días, semanas, meses o años... Siempre tiene una misión". Y recién ahora, que el dolor no se ha ido pero sí ha dado paso a la aceptación, podemos entender cuál fue su misión. Quizás necesitaba marcar nuestras vidas para unirnos aun más, para escucharnos más y ponernos una en el lugar de la otra. Desde que perdimos el bebé no hemos hecho otra cosa que acompañarnos en cada paso, que apoyarnos, contenernos y hasta hemos destrabado algunos nudos que casi ni veíamos. Apareció en nosotras un brillo similar al que teníamos cuando nos conocimos, y nos enamoramos. Nos re-enamoramos. Nos admiramos con más fuerza y nos elegimos con más convicción. También aprendimos con quién contar y con quién no, y nos preguntamos si vino a nuestras vidas para decirnos que reorganicemos nuestras prioridades y re-elijamos a nuestros afectos, a nuestros vínculos más cercanos.

Ese dolor siempre va a estar acá adentro. Podrá atenuarse y convertirse en cicatriz, pero creo que la misión de nuestro hijo que no pudo nacer, está completamente cumplida...

3 comentarios:

pablo groba dijo...

Estoy seguro que los tropezones en la vida sirven para mostrarnos quien corre a levantarnos y que aun de los dolores mas intensos, uno puede aprender.
Uds comparten cosas que no son comunes de ver en otras parejas: el amor mezclado con la admiración por la otra. Se que son conscientes de lo inmenso que es esto.
Estoy seguro que la vida las recompensara como uds. esperan en un momento no lejano. Beso enorme.

Marie y Eli dijo...

Gracias mi amor :) Te quiero!

Solete dijo...

Mucho ánimo chicas, ya verán como muy pronto están celebrando la llegada de su bebé. Un abrazo fuerte para las dos ;)